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Te he dicho que no. No insistas ni te pongas pesado, no sé como decírtelo. No me convences con tus argumentos. Por mucho que me lo digas no pienso hacerte caso. Eres insistente, pero yo soy más testarudo. ¡Ya verás como sí! No tienes nada que hacer.

(conversación ficticia entre un fumador y el cigarro que se ha llevado,  por si le daba un momento de desesperación como el que está teniendo, a su oficina el dos de enero del 2006, primer día laboral que entra en vigor la ley antitabaco).