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Hoy al levantarme me di un pequeño susto, adormilado me asomé al espejo del pasillo y mi imagen había desaparecido. Enseguida me vino a la memoria aquellas películas de terror donde los fantasmas nunca se reflejaban en el espejo. ¿Me habría transformado en fantasma en el transcurrir de la noche? Cuando cayeron las legañas y pude abrir del todo los ojos, me di cuenta que lo que había desaparecido, en realidad, era el espejo que lo estaban limpiando.

Llegados a cierta edad, estamos tan acostumbrado a que las situaciones y las cosas sean tan invariables que cuando algo cambia, aunque sea levemente, parece que nuestro universo se trastoca y nos resulta más sencillo el pensar que no tenemos imagen que un simple espejo haya cambiado de lugar. ¿No es eso un freno a nuestra maduración y evolución cotidiana?