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             Un día, como por casualidad, Fidel descubrió que al cerrar los ojos frente a alguien era capaz de entrar  y ver en el interior de esa persona. En un principio se sintió entusiasmado con esta nueva cualidad. Y, entonces, cuando estaba con alguien era capaz de saber lo que había detrás de sus gestos, de sus miradas, de sus lágrimas, de sus enfados, de sus halagos, de sus sonrisas, de sus palabras …pero descubrió tantas máscaras e hipocresía que no pudo resistirlo. Y aquella aparente virtud se convirtió en un problema. Después de eso Fidel, por temor, no ha vuelto a cerrar los ojos y lleva despierto varios meses.