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            Estos días previos a las fechas navideñas suelen ser especialmente complicados y agotadores. Finales de curso, reuniones, cierres de ejercicios, comidas de confraternización laboral, preparación de comidas familiares, compras de regalos, horarios anárquicos de entrada y salida de colegios, desempolvado del traje de pastora (no para mí, claro)... Como se puede ver una total ruptura de la rutina que en ocasiones viene bien, pero que al final del día hacen casi imposible sujetar los párpados. Hoy no he ido a trabajar, pero mis pies lo han notado, he tenido que darme varios paseos para recoger notas de las niñas y a ellas mismas. Esta tarde he ido con la pequeña a ver "Chicken Little", no es que sea una película de las que van a hacer época, pero aprovecho para gustar la presencia al lado de mi hija, de esos años de infancia compartida que poco a poco se van marchando.

             Por último pero no por eso es lo menos importante quiero hacer un brindis, lleno de alegría,  por alguien muy especial, que sumida desde hace meses en una especie de conflicto interno de compleja solución, ayer como un anticipo de esos milagros que sólo pasan en Navidad, recibió una sacudida muy especial que hizo que su vida cobrara una luz nueva y recuperara un sentido que no acababa de encontrar.