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           Hago un alto en el ajetreo de los dos últimos días para escribir aquí unas líneas. El día está nublado, melancólico y triste. La calle silenciosa. Ayer, aunque no trabajé, fue un día movido. Por la mañana acompañando a familiares a distintas consultas médicas, primero al dentista y luego revisión anual del oftalmólogo. Consultas solitarias, se ve que las fechas parecen reducir hasta las enfermedades. Aunque no es del todo así, a un familiar cercano en lista de espera desde hacía nueve meses para una prótesis de cadera, le llamaron el 23 de diciembre para decirle que el 27 lo operaban. Así que estamos teniendo unos días atípicos, con visitas y estancias de hospital, incluída la cena de esta noche en que, por ese motivo, tendremos a toda la familia dispersa. De todas formas creo que lo importante es alegrarse porque todo ha salido bien, lo demás es meramente accesorio.

Ayer por la tarde, ya no pude dilatarlo más y me fui a hacer algunas compras ineludibles. La calle atestada de gente, había hasta que pedir permiso por los cruces de calles para poder pasar. Una de las compras que hice fue en una tienda de fotografía, donde al fotógrafo lo conozco desde hace ya casi veinte años. Esto de finalizar el año parece que atrae recuerdos y comentábamos al poco de conocernos y de una guapa y jovencísima compañera suya, de entonces, hoy convertida ya en una madura señora de familia. Y hablábamos como no sólo ella sino también nosotros habíamos cambiado en estos años y filosofamos del inexorable paso del tiempo sobre los humanos. Pero entonces entró una señora regordeta ella y bajita con una cara dibujada de las arrugas típicas de los setenta años, a la que acompañaba su silencioso marido, y le dijo al fotógrafo:

-Hola, ¿tienes un cuarto dentro para hacer "afotos"?

-No, aquí no tengo estudio.

-Entonces nos vamos, porque yo lo que quería ahora era hacerme algunas "afotos" con mi vestido de novia que traía aquí.

Al irse la señora, no pudimos dejar de comentarlo, hay personas que a pesar de que los años transcurren parece que por ellos camina más lento, porque ¡mira que poder ponerse todavía el mismo traje de novia que hace cuarenta y tantos años!

Y es que los años no pasan, los que pasamos somos nosotros y ahora que vamos a pasar del 2005 al 2006; deseo a todos vosotros: ¡UN MUY FELIZ AÑO 2006!