Sigo por aquí, agradeciendo los ánimos tras el post de ayer, y mucho mejor tras el sueño reparador de la noche y el ajetreo de la mañana. No pasó ayer nada especial, sólo lo de siempre, la guinda de unas fechas que en un sólo día parece que quieren despedirse siempre de manera agobiante y explosiva. Lo peor es cuando ves que, en ocasiones, la vida es un ciclo y conoces como cuando en un reloj se acerca las doce que van a sonar las doce campanadas, y que por mucho que lo intentes el reloj no se para y al final las doce campanadas suenan y no porque te lo esperaras ibas a sufrir menos su efecto, todo lo contrario esa agónica y previsible espera acentúa sus consecuencias sobre ti y sobre tu ánimo. Sobreviviré y seguiré caminando, ya me olvidé de ayer y le acabo de sacar brillo a la mejor de mis sonrisas antes de subírmela a la cara.