A pesar de que fui de aquella generación que se tuvo que aprender aquella temida lista de los reyes godos, eso no me influyó negativamente para que desde adolescente me entusiasmara la historia y leyera mucho sobre ella en libros y enciclopedias, a pesar que en que aquella época algunas páginas de nuestra historia estaban escritas más bien como historietas.

        Pero si hay alguna historia que me apasiona es la historia de cada día, la reciente y la que han sufrido y vivido mis ascendientes o la mía propia. Lo que ocurre es que de todo esto me di cuenta tarde y en cuanto a la historia de mis ascendientes, por ley de vida, ya quedan pocos para poner aquellas historias por escritos y en cuanto a la mía intento recomponerla por escrito con la ayuda de mi memoria, por si dentro de unos años alguien hubiera que le interesara también la historia. Pero en este trabajo de reconstruir el pasado he encontrado una gran dificultad: mi memoria es buena y es capaz de traer al papel los acontecimientos y personas vividas, pero ¡qué difícil es re-vivir las sensaciones y sentimientos del pasado, siempre modificados por el paso inexorables de los años! Para tener más vivo lo que uno sintió ante uno de esos acontecimientos que cambiaron nuestra vida, hay que escribirlo casi al mismo tiempo que transcurren y no dejarlo "envejecer" que los matiza, los amolda o simplemente los convierte en políticamente correcto.