El azar hizo que nos encontráramos hace tiempo. En un punto en el centro de la nada. Charlamos y nos conocimos y entre nosotros se creó una afinidad que nos llevó a descubrir que coincidíamos en bien poco. Nuestras opiniones a la vez que compartidas se radicalizaron y cada vez teníamos cada uno, más claro, que nuestra posición era la adecuada.

     Nuestros encuentros se convirtieron en líneas paralelas que siempre caminaban a la misma distancia, pero sin acercarse un ápice. Eso convertía nuestras charlas, a la vez, en cordiales y tensas y parecía extraño cómo seguían manteniéndose cuando la coincidencia era nula y aquel paralelismo originaba un cierto estiramiento por nuestra parte.

    Al fin un día me di cuenta que nos acercábamos, siempre estuve seguro que ese momento llegaría, y una vez más se cumplió la propiedad de las líneas paralelas y, al igual que ellas, tuvimos nuestro punto de encuentro y coincidencia...en el infinito.