Mi compañero ha decidido alargar sus vacaciones, cosa de la que me enteré el lunes a las ocho de la mañana mediante un post-it pegado en mi pc de la oficina, y se ha tomado otra semana. Mala cosa ésta de que el lunes tenga que mentalizarme para estar solo otra semana de trabajo, no por el tema de la soledad sino porque al tener que hacerlo todo no tengo ni un minuto libre y la mesa va acumulándose de papeles que son imposibles de tramitar.

  Me veo trabajando con dos ordenadores a la vez, no sé por qué hay programas que sólo funcionan en uno de ellos, y dos teléfonos, sin contar el móvil, aparte de atender a la gente que se acumula frente al mostrador o al cartero que espera, nervioso, que le prepare la correspondencia. Por eso cuando llegan las dos de la tarde y cierro la puerta, intento hacerme consciente de mí mismo y me doy cuenta que en toda la mañana no he podido "pensar", sólo tengo tiempo para actuar, escribir a toda velocidad en el ordenador mientras tengo la oreja ocupada con el auricular del teléfono.

  Cuando salgo a la calle, me doy cuenta que ando como por inercia, hasta que las neuronas empiezan a funcionar regularmente sin la opresión del reloj que me impone estas sesiones laborales. No es raro, pues, que lleve unos días en que me cueste más escribir y sacar post de la chistera de mi cabeza...¡primero tendré que encontrar la cabeza!