Hoy ha sido un día atípico, salí muy pronto del trabajo pues tuve que ir a Jerez a la consulta del dentista. Se nota que este fin de semana es el premio de motociclismo, me crucé con muchas motos por el camino. Alguno a unas velocidades de vértigo que parecía que el casco no podía ir a la misma velocidad. Una de las avenidas estaba ya cortada y la preparaban con graderíos para que estos días las motos hagan sus habilidades, algo que no le hace demasiada gracia a los vecinos de la zona. Los comerciantes, sin embargo, apoyan todo lo que sea traer motos porque eso le potencia sus negocios.

   Por la tarde estuve leyendo un rato "La orden negra" una novela histórica del historiador Calvo Poyato que se lee bien y me está resultando interesante. Luego me tuve que mentalizar para no dejar de ir al gimnasio. Sudor, dolor de piernas y agujetas en la barriga, pero dicen que eso es "bueno". Pero luego al llegar a casa no pude resistir la tentación de un chorizo de Teror y sucumbí a su seducción. Teror, para quien no la conozca, es una bonita ciudad Gran Canaria donde está situado el santuario de la patrona Nuestra Señora del Pino. Son unos chorizos blandos, parecen sobrasada, que durante el servicio militar me calmaron muchos días el hambre y ahora me han traído unos cuantos de allí y, cada vez que como uno, me vienen a la memoria recuerdos enterrados de cuando uno tenía poco más de veinte años. La sutil diferencia era que entonces no me entraban remordimientos por comerme esos chorizos.

   Esta noche voy a ir a una conferencia de título interesante "De Tartessos al Islam" que da Jesús Maeso un profesor jienense afincado en Cádiz y una verdadera autoridad en la escritura de novelas históricas. Todo lo que sea aprender y ensanchar el espíritu es algo que se agradece.