-Anda que para ocho días que te han durado las flores, menudo trabajo el tuyo de soportar calor, fríos, viento y lluvia – le dijo el gorrión al ciruelo en el que estaba posado.

-Tienes razón, son sólo ocho días, pero doy por bien empleado ese esfuerzo de todo el año por disfrutar de esos ocho días y, además, olvidas que tengo el recuerdo de esos días y la certeza de que sé que, de nuevo, volveré a florecer- le respondió éste agitando las ramas y sonriéndole al viento, que acarició sus renovadas hojas, mientras le hacía un guiño.