Acabo de leer una noticia en que habla de una mujer de 40 años en Londres a  la que han encontrado muerta delante de la televisión encendida. Eso no es lo que más me ha sorprendido, ya que viendo la ínfima calidad de algunos programas de televisión demasiado aguanta nuestro corazón, sino que hace dos años que ocurrió y hasta ahora no la han descubierto.
        ¿Tanta soledad acarreaba esta mujer que en esos dos años nadie se había preocupado de su desaparición? Tenía hermanas pero éstas no parece que se acordaran mucho de ella. ¿No tenía amigos o alguien que se interesara en felicitarle el cumpleaños o la navidad? Al parecer había sido víctima de la violencia doméstica y la habían refugiado en aquel piso, pero hasta los mismos Servicios Sociales no la volvieron a recordar. Fue justamente al romper la cerradura y entrar en el piso, por no pagar el alquiler, cuando descubrieron el cadáver.
       Poco a poco y sobre todo en las grandes ciudades se está perdiendo aquel concepto de vecindad que extendía a los vecinos una relación cuasifamiliar. Me pregunto si no hemos llegado en nuestra vida real al extremo al que se llega en Internet, que cuando alguien desaparece nos parece incluso “normal” el que no volvamos a saber, nunca más, de esa persona con la que, en muchas ocasiones, llegamos a compartir algo más que un rato de nuestra vida.