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      Siempre me han gustado los domingos por la mañana, no me refiero a esa hora en que el mediodía invita al aperitivo, sino a esas primeras horas de la mañana, un momento privilegiado de la semana en que es posible escuchar hasta los sonidos del silencio. Esta mañana comentaba eso a mi hija pequeña cuando salimos a la calle a la búsqueda y captura de unos churros calientes. En una esquina solitaria donde hasta la ausencia del tráfico se hacía patente nos detuvimos y le dije: mira escucha cantar a los pájaros. Y hasta cinco trinos diferentes nos salpicaron los oídos. Aunque como muy bien me dijo ella: los pájaros cantan todo el día. Sí, eso es cierto lo que pasa que no siempre tenemos el silencio y la tranquilidad necesaria para poder disfrutarlos.

      Tras ese paseo matinal parece que los churros están hasta más ricos. ¿Te apetece alguno?