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       Hoy ha sido un día muy especial. De esos que, a partir de ahora y durante todo el resto de mi vida, señalaré con un círculo rojo en el calendario. Era media tarde, de esas tardes de verano donde el calor parece paralizar hasta los sonidos de la naturaleza, cuando el sonido estridente del teléfono rompió mis ensoñaciones. Era Toñi, su voz cálida y aterciopelada lamió mis oídos sin ningún rubor. Estaba en casa y, de pronto, no sé por qué, se me ocurrió llamarte por teléfono, me dijo como si estuviera excusándose.

       Era de por sí sorprendente aquella llamada teniendo en cuenta que durante los últimos veinte años, siempre que habíamos hablado, era yo el que efectuó la llamada. Sólo por aquella inaudita iniciativa valía la pena saborear cada minuto de aquella llamada que se extendió durante, casi, media hora. Nos despedimos, yo triste al escuchar el click del teléfono, ella diciendo un "ya te llamaré" que bien sabía que nunca cumpliría. Pero a la vez yo estaba con esa euforia de haber conseguido algo que nunca imaginé.

       Aún con aquella alegría reflejada en mi rostro salí a la calle, en busca del vidente de mi barrio para entregarle, el otro cincuenta por ciento, los dos mil euros que le debia por sus hechizos para que ella me llamara ese día. Ya sé que puede parecer un poco caro, pero doy bien empleado ese dinero porque a partir de ahora tendré en mi almanaque siempre señalado ese día con un círculo rojo  como el día que, al fin, Toñi me llamó por teléfono.