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            Un libro de Saramago en que trata un tema original. En un país determinado la muerte decide un día dejar de matar. Y lo que en un principio, la inmortalidad, se podría considerar como un profundo deseo humano se convierte en un problema social que influye en multitud de facetas: residencias de ancianos y hospitales saturados, funerarias en quiebra que se tienen que dedicar a enterrar animales, aseguradoras de vida que tienen que replantearse sus funciones y la aparición de una maphia que se encargará, en parte, de resolver ese problema llevando a los que están en camino de morir fuera de la frontera del país para que así puedan culminarlo. Más tarde cambia la muerte de táctica y les manda a los que van a morir un preaviso de ocho días en una misiva en papel violeta, hasta que hay uno al que no hay forma de entregarle esa carta y se las tiene que ingeniar para que llegue a sus manos. 

                 Siempre me ha parecido el estilo de Saramago un tanto agobiante. Crea como una atmósfera plomiza, un país gris sin nombre, y unos personajes desdibujados que atraviesan todas sus páginas. Su forma de escribir característica hace que los párrafos se agolpen, que aparezcan mayúsculas después de comas y que los diálogos no se diferencien de la narración, lo que en muchas ocasiones no lo hace cómodo de leer. En cuanto a la originalidad inicial parece perder algo el norte a medida que avanza la narración.