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           Aún, transcurrido tanto tiempo, guardo un grato recuerdo de aquellos años en que compartimos muchas de nuestras cotidianeidades. Las azarosas circunstancias nos separaron en la distancia, las mismas que hoy nos presentan la oportunidad, aunque sea breve,  de reencontrarnos. En cuanto lo supe te envié un sms en que en tan pocas letras te mostraba mi alegría concentrada y las ansias de ese volver a vernos. Como te conozco supuse que nunca me contestarías. 

Pero estaba equivocado, como si el proceso de elaboración hubiera sido muy reflexionado y exhaustivo, treinta y seis horas más tarde, me llegó el tuyo contestándome. Me sorprendió tu trabajada vehemencia, tu concisión casi absoluta, tu capacidad plurilingüística y cómo en tan pocas letras eras capaz de comunicar tanto. Escribiste todo de una vez, sin espacios ni tildes. Fuiste capaz de que no se notara la carencia de los signos de puntuación y no por eso perdiste expresividad en tu mensaje. Pero cuando quise enmarcar aquel texto, cual si de una frase lapidaria se tratara, alguien me quitó de la cabeza eso de poner en un marco de diseño tu profunda respuesta. Una vez más tomé el teléfono en mis manos y leí lo que decía tu mensaje:

                            "OK"