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      Con este nombre evocador titula su novela, impregnada de metaliteratura, la escritora venezolana Victoria de Stefano. El libro está dividido en dos partes. En el primero una escritora, Clarice (un alter ego de la autora), interrumpe su trabajo debido a la lluvia que cae al otro lado de la ventana y recibe la visita de José el jardinero. Esta pequeña escena le vale para elaborar un relato intimista con un lenguaje rico y elegante, capaz de acariciar el oído, salpicado de sus reflexiones. La segunda parte escrita en forma de diario, de días salteados, va de finales de mayo a principios de septiembre. Ese relato diarista sigue con cuidadas palabras en las que plasma ideas, pensamientos y comenta las muchas citas literarias que maneja. De interés desigual, al leer el diario, hay días que gustan menos y otros que dejan un buen sabor de boca. 

          Finalmente pongo este texto con el que termina la novela, como muestra de su forma de escribir y sin el temor de revelar el desenlace de ninguna intriga. 

“9 de septiembre: Si no mirara ciertos planos de fondo, si no mirara el paisaje, si no mirara los cerros altos y recortados, si no oteara las cumbres, si no admirara el temblor de los árboles, si no me hiciera eco del siseo de sus hojas, si no me fijara en los pájaros variopintos entrando y saliendo de su fronda, si no percibiera el tenue brillo de su plumaje, si no apuntara al cielo y no me extasiara con las formas puras de su ingravidez, si no lanzara mis ojos lejos y a gran altura, si no borrara de vista  todo lo que es deplorable, ruinoso y feo, si no expulsara de mi mente los desastrosos errores cometidos, las pérdidas, los fracasos, las humillaciones, si no me sumiera en el letargo de mis contemplaciones, si no escenificara mis historias ficticias o reales en el punto y lugar adonde me llevan, si contra toda esperanza no intentara cortar mis ataduras, si no hiciera mesiánicos esfuerzos por desplegar las alas,¿hacia dónde podría mirar que no sintiera la muerte en el alma?”.