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             Todos conocemos a algunos de ellos, son gente de nuestro alrededor, próximos y conocidos. De ojos opacos, corazón acorazado, emocionalmente planos, de gestos controlados y sonrisa incapaz de superar determinada curvatura. Muchos son afables e incluso simpáticos, pero están afectivamente muertos.

             Al saludar lo hacen tendiendo una mano floja y fría, por la que parece no circular la sangre hace mucho tiempo y si las circunstancias le obligan a dar un par de besos, sus labios perdidos en el aire se acercan pero rehúyen el contacto con la mejilla, emitiendo un leve chasquido en aire similar al de las articulaciones.  Sólo hablan de cosas que no les implican como el tiempo o los deportes y si tienen que preguntar cómo estás se horrorizan de que la contestación sea algo diferente a "bien". Vigilan que nadie se introduzca en su interior y para ello se recubren, con estudiado esfuerzo, de una piel resbaladiza contra la que se destroza cualquier intento ajeno de cercanía.

              Seres que se resisten a cambiar con los años, ¿para qué? si ellos se encuentran bien. El único cambio que un día más o menos lejano se avienen a realizar es el cambiar la a por la e y convertirse en efectivamente muertos.