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            El estaba eufórico y no podía disimular su nerviosismo. Llevaba tanto tiempo esperando este momento… En cuanto entró en la habitación la vio, con su blanca piel tendida cuan larga era y con esas formas tan características que a El le descomponían. La imagen, que se le brindaba de Ella, era tan sensual como El había imaginado. Se acercó poco a poco. Ella impávida parecía estar expectante. El tenía una extraña sensación, se sentía saturado por dentro y estaba deseoso de vaciarse sobre Ella.            

            Con movimientos aristocráticos, se acercó hasta Ella y dejó al descubierto esa punta, enhiesta y brillante, de la que se sentía tan orgulloso y fue, cuando al contactar con Ella, empezó a vaciarse lentamente mientras se deslizaba sobre su superficie. Ella tembló levemente cuando sintió su acercamiento y empezó a perder su límpida blancura.            

            Ya había llegado el día en que comenzaba el taller literario y el bolígrafo, El, siguió deslizándose durante horas sobre aquella hoja blanca, Ella, engalanándola exquisitamente con sus palabras, como nunca imaginaron ni El ni Ella.