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            Desde que hace unos  años descubrí el inmenso potencial que encierran las palabras, las guardo como si de un preciado tesoro se trataran. Por eso no dudaría si me hicieran esa pregunta tópica de ¿qué te llevarías a una isla desierta? 

            Lo tengo claro, me llevaría mi pendrive, con la memoria saturada de líneas y frases. Pero reflexionando un poco más: una vez que llegue a allí ¿en dónde lo conecto?¿tendrán los cocoteros un puerto USB libre?