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           "Era víspera de Navidad; la primera Navidad fuera de la patria…

           …La misa de media noche fue muy hermosa cantada por los aldeanos, vestidos con pantalones de cuero hasta la rodilla, con gruesas medias y aún más gruesos zapatones. Tocaron sus instrumentos, con melodías típicas de Baviera. Parecían y bien podrían haber sido, los pastores de Belén. Cuando todo acabó se hizo un gran silencio. Por los valles se distinguían lucecitas caminando: eran ellos que regresaban presurosos glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído.

            Hacia la 1,30 de la madrugada, suena la campanilla del convento. A la puerta está una viejecita. Aferra un farol encendido. Va toda envuelta en un grueso manto color ceniza. Traía un paquetito. Dijo: “Es para el Paterle (padrecito) extranjero que estaba en la misa del gallo”. Me llamaron. Me entregó el paquete todo adornado, con breves palabras: “Usted, señor, está lejos de su patria, distante de los suyos. Esto es un regalo para usted. También para usted hoy es Navidad”. Me apretó fuertemente la mano y se alejó en la noche bendecida por la nieve.

              En la habitación, solo, mientras recordaba imágenes de la Navidad en casa, muy parecida a ésta aunque sin nieve, deshice con reverencia el paquete. Era una gruesa vela color rojo oscuro, toda trabajada y con un fuerte soporte de metal. Una noche iluminó la noche de la soledad. Las sombras se proyectaban largas y trémulas en la pared. Ya no me sentí solo. Fuera de la patria había acontecido el milagro de toda Navidad: la fiesta de fraternidad de todos los hombres. Alguien había entendido el mensaje del niño: hizo del extraño un prójimo y del extranjero un hermano.

             Hoy todavía después de algunos años, la vela vigila durante la Navidad sobre el estante de los libros. Todos los años, en la noche santa, se enciende. Y se encenderá siempre. Al encenderse recordará una noche feliz, entre la nieve, en la soledad. Recordará el gesto de dar que es algo más que un brazo extendido. Traerá a la memoria el regalar que es más que dar. Hará presente la Navidad con todo lo que significa de humano y de divino. Esta vela de Navidad es más que una vela cualquiera por muy artística que sea. Es un sacramento navideño. "

(Los sacramentos de la vida - LEONARDO BOFF)

            Cada vez que leo este texto resuena en mi interior despertando mis emociones, tal vez porque yo tuve la experiencia de ser acogido en un día de Navidad y conté con una serie de personas que no me hicieron sentirme extranjero en tierra extraña, sino uno más de ellos. Desde aquí, en este día, mis mejores deseos de felicidad para todos los que entráis por aquí de vez en cuando. Se las deseo, especialmente, a aquellos que se sienten envueltos en la soledad y, también, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que tanto abundan en el mundo y de los que tan poca propaganda se hacen.