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         Aprovechando la tranquilidad que le brindaba aquella hora en que se encontraba solo en casa, abrió el correo electrónico con nerviosismo. Al fin llegaba esa foto tan largamente esperada. Cuando la abrió el rostro de ella tan conocido por él apareció ante sus ojos. Mientras aquella imagen le deslumbraba su corazón pareció acelerarse por unos instantes. Ahora podría contemplarla y acariciarla con su mirada cuantas veces quisiera sin tener que forzar la memoria y dejando reposar los recuerdos, cada vez más deteriorados y engañosos por el paso del tiempo. Se había hecho la foto junto al río con un hermoso pasaje otoñal de tonos ocres donde destacaba su figura de formas gráciles y armoniosas. A su espalda la ciudad, engalanada con el brillo dorado del sol del atardecer, parecía querer escalar las alturas hacia el cielo.  Su pelo negro caía graciosamente sobre sus hombros mientras su mirada de ojos pardos parecía hablarle desde el otro lado de la imagen. Aumentó el zoom de la foto y aquellas pupilas brillantes parecieron hipnotizarlo sacándolo de la realidad.

 

            De pronto, no supo cómo, se vio al otro lado de la fotografía. Ahora estaba junto a ella, el olor a humedad del ambiente se le mezclaba con el que ella emanaba de la base de su cuello. Sus sonrisas se abrazaron en el aire, mientras el fluir del agua ponía banda sonora a aquellos mágicos instantes. Pasearon muy juntos, por aquel paisaje evocador mientras sus zapatos de dos en dos, arrancaban crujidos al unísono de la inimitable alfombra de hojas secas. El brazo de él rodeó la cintura de ella, a la vez que sus dedos, ávidos de sensaciones, con elegante suavidad y de una manera casi imperceptible moldeaban sus caderas. Y él supo que si la palabra felicidad existía, este instante la estaba escribiendo.

 

            De pronto se hizo la oscuridad y absolutamente todo se volvió negro. Al día siguiente la secretaria del Juzgado no salía de su asombro, era la primera vez que alguien denunciaba a la compañía eléctrica debido a que un corte de luz había estropeado su ordenador y, sobre todo, eso lo subrayó en la denuncia: le había destruido un maravilloso sueño