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            Una deliciosa novela, con tintes autobiográfico en la que Carmen Martín Gaite nos sumerge en la vida cotidiana de un grupo de chicos y chicas jóvenes y que le sirvió para conseguir el Premio Nadal en 1957. Nos retrata una sociedad que aunque hoy parecemos atisbar con la lejanía del blanco y negro, no nos resulta tan lejana porque algunos de esos ramalazos nos han llegado oralmente o incluso insertados en nuestros más lejanos recuerdos.            

              En la contraportada nos indica que narra la vida en una ciudad de provincias, pero para quien ha disfrutado la cotidianeidad de Salamanca, no le es difícil reconocer, aunque nunca se nombre, a esa ciudad con esas leves pinceladas que da a lo largo de sus líneas: las ferias en Septiembre, la Plaza Mayor, el puente viejo, el instituto que se adivina situado en el paseo del Rollo, la iglesia de Sancti Spiritu… Por lo que el andar por sus páginas se convierte, de mano de sus protagonistas, en un grato paseo por aquellos rincones salmantinos que sirven de decorado a esta sociedad cerrada, que nos presenta, de los años cincuenta. Dos edificios de la ciudad aparecen retratados especialmente el Gran Hotel y el Casino donde se desarrollan parte de las historias que cuenta. La autora sustenta su novela en tres narradores: dos en forma de diario y un narrador omnisciente. En esta agonía cotidiana es difícil encontrar párrafos luminosos por eso destaco este que escribe en su diario Pablo, que está recién llegado allí: “Una tarde, poco antes de empezar el curso, hizo un sol hermoso y me fui de paseo al río. Había comido dos bocadillos en una taberna del arrabal y bebido casi un litro de vino buenísimo. Estaba alegre sin saber el motivo. Veía los colores de las cosas con un brillo tan intenso que me daba pena pensar que se apagarían. La ciudad me pareció muy hermosa y excitante en su paz, hecha de trozos de todas las ciudades hermosas que había conocido”.            

            La autora se dedica especialmente a tratar el mundo de las mujeres. Un mundo que se mueve en un ambiente asfixiante y aburrido donde las perspectivas de futuro se reducen a encontrar un novio :”las chicas sin novio andaban revueltas a cada principio de temporada, pendientes de los chicos conocidos que preparaban oposiciones de Notarías”.

             Es difícil el integrarse en una sociedad así cuando se llega de fuera: “Si usted no vive aquí-dijo-no puede entender ciertas cosas”. “Si se ha portado mal conmigo, la culpa la has tenido tú por darle tanta confianza: ya sabes de todos los años como son los de fuera”. En aquel contexto la terminación del verano era el fin de un período de ilusiones que ayudaban a salir del tedio habitual : “Ahora ya estaban de cara al invierno interminable. Tardes enteras yendo al corte y a clase de inglés, esperando sentada a la camilla a que Manolo viniera de la finca y se lo dijeran sus amigas, o que alguna vez la llamara por teléfono”.            

               Una novela agradable de leer y para disfrutar un buen rato.