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             He intentado localizar esa norma que ahora han sacado de la chistera por la que no se permite poner un cero en los exámenes, sino un uno como nota mínima. Me parece un despropósito, contra la misma esencia de las matemáticas, poco meditado y que puede crear más perjuicios que ventajas. Se pretende que a un alumno, aunque deje el examen en blanco,  no se le pueda colocar esa cifra, cerrada sobre sí misma, tan original como resulta el cero. Se me ocurren algunos problemas de entrada.

            Si se es profesor de matemáticas y se ponen diez problemas en un examen, si hay un alumno que no resuelve ninguno ¿en base a qué se le puede poner la misma nota al que ha resuelto un problema que al que no resuelve ninguno? En el fondo lo que se está haciendo es regalarle un punto al que no sabe absolutamente nada, que es el que menos se lo merece. Porque al que saca un nueve si se le sube al 10 se le ha regalado el 10% de la nota que se merece. Si al que saca un uno se le sube al dos el regalo es del 100%, el doble, de la nota que se merece. Pero si de un cero se sube a un uno es el infinito % de lo que se merece. ¿Con que razón le aumentamos ese punto a ese y no al resto? Los de cuatro que se han esforzado mucho más dirían, con toda lógica, que ellos quieren también ese punto que los separa de los límites del aprobado. Con ese punto de “regalo” hay quien propone que la solución sería poner sólo nueve preguntas, así los de cuatro ya estaría automáticamente aprobados y la ignorancia social creada por los últimos planes de estudio se iría extendiendo a marchas forzadas. ¡Qué razón tenía un profesor que tenía de matemáticas que decía que cada cambio a nuevo plan de estudios era inversamente proporcional a lo que aprendían los alumnos afectados!Estamos creando un punto de la nada y eso es muy delicado.

           ¿Quién dice que eso no puede crear un peligroso precedente? Imagínese el resultado de un partido de fútbol que, con la excusa de que no cunda el desánimo de los jugadores y sus aficionados, todos los resultados se transformen en uno, para evitar la vergüenza inherente a no haber metido ningún gol en la portería ajena. Dirían que por el solo hecho de jugar ya se merece el uno en el marcador. Sólo se piensa en el alumno, pero ¿y en los profesores? Es un gremio cada vez más maltratado síquicamente, nadie ha pensado que es negarles esa insignificante, pero necesaria terapia, de imprimir un rotundo cero en los exámenes de esos alumnos díscolos, vagos redomados y flojos recalcitrantes.

          Yo al que sí  le pondría un cero patatero es al que se le ha ocurrido esa genial idea que va a poner a temblar los cimientos de la propia matemáticas.