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           Cuando durante años estamos acostumbrados a ver las cosas de una determinada manera tenemos tendencia a imaginar que esa es la normal o la única y fue Einstein el que muy hábilmente al plantear su teoría de la relatividad indicó que la observación de los fenómenos depende del sistema de referencia que use el observador. Eso del sistema de referencia es un hecho físico pero de gran aplicación en la vida cotidiana.            

          Casi siempre he vivido junto al mar y por ello he disfrutado, aún me siguen asombrando, de multitud de puestas de sol tras el horizonte y he disfrutado de esos colores tenues y a la vez vivos con los que parece explotar la naturaleza a esas horas. A pesar de que madrugo y el amanecer me suele sorprender por la calle, sin embargo, no habré visto más de cuatro o cinco amaneceres en que el sol brotaba del mar. Me sorprendió que era algo que también ocurría la primera vez que, asombrado, pude contemplarlo.            

           Por eso esta foto es histórica, está realizada en el extremo sur de la Península frente a la costa africana, data de 1984. Yo acababa de terminar el servicio militar, aún me ponía espontáneamente firme cuando veía una bandera. Y tuve la oportunidad de pasarme unos días de “desintoxicación” de aquel ambiente, antes de volver a mi vida habitual. Fueron unos días sosegados, de esos en los que el reloj se puede guardar en un cajón, los que me alojé en una casa cuya pared delantera estaba inmersa en la arena de la playa. Aquella mañana quise madrugar y salí a la playa con la cámara para atrapar aquel momento mágico en que el sol se desperezaba, coincidió con el momento en que los pescadores arrastraban las redes hacia la orilla. Suele decirse que una imagen vale más que mil palabras también diría yo que puede evocar recuerdos, como en este caso, que pueden desarrollarse en trescientas veintisiete palabras.