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             Mi primer recuerdo de la palabra comunero data de un libro de historia de mi época infantil y en aquel entonces no entendía demasiado bien a que se refería e incluso, por similitud lingüística, llegué a pensar si tendría alguna relación con comunista. Luego ya leí distintas cosas sobre el tema con lo que entendí, algo más, aquella contienda que enfrentó a aquellos miembros de la nobleza con un monarca y una corte llegada del extranjero y con el que tenían grandes discrepancias. Me gustó sobre este tema la lectura de la novela histórica “La comunera”. Ayer se celebró el día de la comunidad castellano-leonesa al conmemorarse la derrota el 23 de septiembre de 1521 del ejército comunero en Villalar y la ejecución de sus tres principales líderes: Padilla, Bravo y Maldonado.            

        Pero lo que no sabía es la reseña que leí hace unos días y escribió en 1878 Pedro Antonio de Alarcón tras un viaje que hizo a Salamanca sobre aquellos acontecimientos y que me parece interesante por ser habitualmente desconocida:   

     “Francisco Maldonado, el célebre comunero, el compañero de Bravo y de Padilla, el degollado del gran cuadro de Gisbert, no pertenecía a la rama principal de la familia mencionada, de la cual era jefe, aunque tampoco dueño de la Casa de las Conchas, un D. Pedro Maldonado y Pimentel, también afecto a la causa de las Comunidades, del cual me parece oportuno decir aquí algunas cosas, de todos sabidas, por si hay alguien que las tenga olvidadas, cosa que a mí me acontecía no hace muchas horas...Notorio es que Salamanca acudió en auxilio de Segovia contra el alcalde Ronquillo, como casi todas las ciudades castellanas. Principió en Salamanca la cosa por un gran motín (¡indudablemente estalló en el Corrillo de la Hierba!), durante el cual quemó el pueblo una casa del mayordomo del terrible Fonseca, arzobispo de Santiago, derribó otras muchas, y arrancó las varas a las autoridades. En tal coyuntura, el poderoso D. Pedro Maldonado y Pimentel, creyendo que los victoriosos amotinados no podían hacer nada bueno en Salamanca, y sí se lucirían muchísimo yendo en auxilio de los Comuneros, formó con ellos una crecida hueste, y los llevó a luchar contra los imperiales. Los salmantinos lidiaron en diferentes jornadas con varia fortuna, que se les declaró al fin totalmente, adversa en los campos de Villalar. Al lado de Maldonado Pimentel, o mejor dicho, en las filas de su gente, peleó allí como bueno otro Maldonado, algo pariente suyo y también hijo de Salamanca, y ambos cayeron prisioneros después de su derrota. -Fueron entonces condenados a muerte los principales cabecillas o jefes de Comuneros; pero como el D. Pedro Maldonado Pimentel tuviese parentesco con el famoso Conde de Benavente, consiguióse que el otro Maldonado, conocido por el de la calle de los Moros, muriese en lugar suyo con Bravo y con Padilla, cual si este bárbaro ardid pudiera deslumbrar a la opinión pública... ni aun en tiempos en que no había periódicos. Y al cabo sucedió que los imperiales, después de guardar encerrado algunos meses al Maldonado Pimentel, diéronse cuenta de que nadie había sido engañado con la sustitución referida, y tuvieron que degollarlo también, me parece que en Simancas, un año después que a su homónimo. -Por manera que el insigne D. Pedro trocó por un año de vida los siglos de popularidad que ha disfrutado y disfrutará todavía muchísimo tiempo la memoria del pobre D. Francisco, y el alto honor de figurar en el mencionado cuadro de Gisbert.”