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        Hay momentos en que a uno, no sabe por qué, le apetece cambiar algo en su vida. Unas veces son cosas más superficiales y otras esencialmente profundas, ayer me pasó con una de las primeras. Había terminado una semana laboralmente compleja y como tenía que hacer algunos encargos se me ocurrió comprar una colonia nueva y cambiar de la que llevaba varios años flotando a mi alrededor. Llegué a la perfumería y estuve viendo algunas muy diferentes, me detuve en una, me habían hablado de ella y salpiqué un poco sobre mi muñeca para aspirar su olor. Me impactó aquel olor, ¡algo así estaba buscando!

        Sin querer detenerme mucho en el precio, parece imposible que un bote tan pequeño resulte tan caro, me fui ufano con mi compra a mi casa. Al principio no pasó nada porque no me encontré con nadie. Al rato apareció mi hija: ¡Uf como huele aquí! Parece que ha venido mi profesor de matemáticas. Huele a él. 

        Al rato apareció la otra: ¿huele a insecticida?

        Pero lo peor fue mi mujer: ¡qué olor más chocante! ¡trastorna! ¿qué te has puesto? ¡Haz el favor de no ponértela más! Frases que se repetieron hasta horas despuésd de llegar cuando entraba en el cuarto donde yo estaba. Y eso que solo habían sido unas gotas de muestra...

        Cada vez que entro en el cuarto de baño veo el bote de colonia envuelto en su papel de celofán. Parece que no ha sido muy productiva mi decisión de un cambio superficial ¿y si el cambio hubiera sido algo más esencial? No sé que hacer...¿usar esa colonia, pese a quien pese, haciendo oídos sordos a sus comentarios y sintiéndome a gusto conmigo mismo? ¿o colgarla en la página de ebay y subastarla al mejor postor? Al menos de esta segunda manera recuperaría algo de la inversión que he hecho...