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             Estréchame la mano, no seas rencoroso… Sí, ya sé que no me porté muy bien contigo, que tu mujer se vino conmigo y por mi culpa  te expulsaron del trabajo. Pero no seas así y dame la mano. Espero que seas capaz de olvidar todo eso.

             ¡Coño! dame la mano que se está rompiendo la cuerda a la que estoy agarrado y cuelgo sobre el precipicio. Vale,…¡no!, la que tienes impregnada de aceite ¡no!...¡la otraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!