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        Un libro delicioso cuya primera edición fue escrita en 1965 por el escritor húngaro Stephen Vizinczey. Escrito en forma de memorias, el protagonista, Andrés Vajda, nos va narrando su vida, centrándose sobre todo en sus peripecias amatorias con las mujeres, que tienen su comienzo durante la Segunda Guerra Mundial.

        En el comienzo nos indica: "Este libro está dirigido a los hombres jóvenes y dedicado a las mujeres maduras; y la relación entre unos y otras es mi propuesta".

        El tono es amable y en ocasiones jocoso, algunas de sus frases son verdaderamente agudas y geniales. Además de relatarnos encuentros amorosos nos hace conocer, un poco, la historia del pueblo húngaro:

"Sus momentos de triunfo son muy pocos para alimentar su orgullo, pero ellos se aprecian de haber sobrevivido a la invasión de los tártaros (1241), la ocupación de los turcos (1526-1700), la ocupación de los austríacos (1711-1918) y la invasión de los alemanes (1944-1945). Los ciudadanos de los grandes Estados se inclinan a creer que las victorias son para siempre; los húngaros concentran el pensamiento en la decadencia del poder, en la inevitable caída de los triunfadores y el resurgimiento de los vencidos. Por ello, muy pocos de nosotros pensábamos que los rusos fueran a quedarse para siempre; la cuestión se reducía a averiguar cuándo se marcharían y cómo".

          En otros momentos es el tono erótico el que domina la escritura: "Lentamente, como el ladrón que aparta unas ramas para colarse en un jardín, le abrí las piernas. Detrás de la hierba dorada asomaba el capullo rosa intenso con sus dos largos pétalos entreabiertos como si también ellos sintieran el calor. Eran muy bonitos y empecé a oler y a lamer con mi avidez de antaño".

           Termina su historia con el fin de su juventud, porque como dice al final: "Las aventuras de un hombre maduro son otra historia".