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        Mi peculiar relación con Salamanca, que se remonta ya a treinta años, hace que cada vez que voy me sienta como en casa. En este último viaje tenía un especial interés por visitar y fotografiar, hélo aquí, uno de sus monumentos que no conocía: La cueva de Salamanca, situada por la parte de atrás de la Catedral y que aunque muy antigua no se ha expuesto al público hasta 1993.

        La cueva corresponde a la antigua cripta-sacristía de la iglesia de San Cebrián que data del siglo XII. San Cebrián se refiere a san Cipriano un obispo que antes fue mago y con el que se relacionan muchas leyendas. Cervantes escribió un entremés con el título que tiene este monumento.

        La leyenda indica que en este lugar un demonio, en la oscuridad de la noche, daba clases de adivinación y de otras artes tenebrosas a siete alumnos durante siete años, una larga "licenciatura", al final de los cuales, terminada la carrera, se echaba a suertes  y uno de ellos quedaba en manos del demonio. Según se dice, uno de estos alumnos a quien le tocó quedarse fue a don Enrique de Villena (el marqués de Villena). Éste logró escapar con vida de las garras del demonio, que sin embargo se quedó con su sombra. Este hecho lo marcó de por vida como uno de sus adeptos.

         Tras leer esta curiosa leyenda, lo más llamativo es que, me he ido fijando por la calle y he visto a más de uno a quien le ha sido robada la sombra...