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        La referencia de este libro me llegó a través de internet, unas semanas antes de su publicación en España, lo que ocurrió en Septiembre del 2007. Me interesó por esa curiosidad que da el saber que dicha novela había revolucionado el panorama literario francés durante 2006. La autora francesa, Muriel Barbery, es una profesora de filosofía nacida en 1969. Y los beneficios de la novela le ha permitido tomarse un año sabático en Kioto, ya que Japón es un país que le apasiona, algo que no resulta difícil atisbar al leer su libro.

        El argumento resulta original, se desarrolla en el número 7 de la calle Grenelle en París, donde destacan dos personajes que será los protagonistas. El primero es una portera Renée, viuda y que traspasó la barrera de los cincuenta. Una mujer no agraciada físicamente y que lleva toda su vida  fingiendo ser una mujer común cuando está dotada de una gran formación autodidacta a muchos niveles. La otra es una vecina de la casa de sólo doce años, Paloma, de gran inteligencia. Las dos viven aquel edificio burgués una existencia solitaria, pero que acabará indefectiblemente unida cuando venga a vivir en aquella casa un curioso japonés. El libro está escrito a modo de diario de las dos protagonistas, que van intercalando sus reflexiones. Muchos datos de cultura japonesa aparecen trazados entre sus páginas.

        A mí me ha decepcionado su lectura, porque aunque hay párrafos que da gusto leer, el conjunto no acabó de atrapar mi atención. El título procede de una calificación que hace uno de los personajes sobre la portera, la Renée Michel: "La señora Michel tiene la elegancia del erizo:  por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalillos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes".

        Cito otra frase que me gustó especialmente: "Quienes, como yo, se sienten inspirados por la grandeza de las cosas pequeñas, la buscan hasta en el corazón de lo no esencial, allí donde, ataviada con indumentaria cotidiana, surge de cierto ordenamiento de las cosas corrientes y de la certeza de que es como tiene que ser, de la convicción de que asi está bien".