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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007.

Tarancón

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              Cuando ya nuestra democracia está en esa “edad adulta” de los treinta años y visto el ambiente de crispación, que nos rodea, a muchos niveles, no es extraño que haya momentos en que la nostalgia por aquella etapa inicial de la transición surja en nuestra mente. No diré que fueron años fáciles, aunque el recuerdo se tiña con esa pátina que hace destacar, sobre todo, los logros. Hubo momentos que fueron verdaderamente críticos y que tensaron, hasta estar a punto de romperse, aquellos frágiles hilos en la que se sostenían aquellos albores democráticos. 

                Aquello fue posible por la actuación de una serie de personajes decisivos y por una búsqueda del consenso de las ideologías que en muchos casos, para ello, supuso cesión por parte de unos y otros y sobre todo por los españolitos de a pie que asistíamos a todo aquello entre expectantes, activos y esperanzados. 

                De aquel elenco de personajes, quiero citar hoy  a uno, por la sencilla razón de que el pasado once de mayo se cumplió el primer centenario de su nacimiento: el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, más simplemente conocido por Tarancón. Fue un hombre lúcido, presidente de la Conferencia Episcopal Española, que supo guiar a la Iglesia española sin adscribirla a ningún credo político. Durante la misa celebrada en la iglesia de los Jerónimos de Madrid el 22 de noviembre de 1975, el cardenal Tarancón recordó a Juan Carlos I que debía ser rey de todos los españoles y especialmente de los pobres. Admirados por los demócratas, tuvo que aguantar su demonización por parte de sectores ultraderechistas que hacían fácil rima de su apellido con aquello de “Tarancón al paredón”. Con una personalidad rica hizo un gran bien a la Iglesia y a la sociedad española de aquellos años. Me ha parecido bueno, al igual que en otras efemérides, recordar en esta ocasión a un hombre al que siempre admiré.

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Entre nubes

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    Durante un rato he estado volando más allá de las nubes. He recorrido cientos de kilómetros para romper la cotidianeidad y dirigirme hacia las lejanas y seductoras tierras del norte. He paseado por las calles estrechas y acogedoras de los cascos viejos. He escuchado hablar a las olas de la playa del Sardinero mientras las hojas de los tamarindos se agitaban mimosas con la brisa.  Me he dejado acariciar por las luces de las catedrales y el silencio de algún claustro. He aprendido cosas sobre el pueblo vasco hablando con la gente y viendo sus museos. He acariciado la arena de la playa de la Concha y disfrutado de la vista, a pesar de que la niebla se empeñaba el velarla.

     He montado por primera vez en un tranvía y leído multitud de carteles en euskera. Me he puesto colorado con la fuerza del sol, estremecido con los sonidos de las tormentas y chorreando con el agua de la lluvia. He puesto cara a una colección de palabras. He escuchado, sin esperarlo, una coral de jóvenes filandesas. He admirado grandes y pequeños edificios y me he confirmado en la idea de que ni entiendo ni me gusta el arte contemporáneo. He viajado horas de autobús. He visto tantos verdes diferentes que ni en la mayor carta de colores.

     Tantas cosas que todavía tengo que ir asumiéndolas...pero ¡qué maravilloso es pasarse unos días descubriendo continuamente todo lo que te rodea, aunque qué cansa los pies esto de andar "entre nubes"!


Hay momentos...

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   ...en que tras pagar la entrada del museo, nos damos cuenta, demasiado tarde, de que lo verdaderamente interesante, en vez de dentro está en la calle, al otro lado de esa ventana abierta.


S de silencio

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     Siempre es bienvenido un nuevo libro de la serie “Alfabeto del crimen” de la escritora Sue Grafton para los que somos aficionados a sus escritos. Esta serie que empezó con el título “A de adulterio”, ha ido posteriormente sacando distintos libros por orden alfabético, siendo éste el último “S de silencio”. Una vez la protagonista es la intrépida detective Kinsey Milhone,  se sale bastante de los habituales detectives del mundo de las letras y escritos siempre en primera persona y con cierto tono jocoso no es extraño que pronto se origine una complicidad entre protagonista y lector.             

       En esta ocasión Kinsey, a solicitud de una mujer, tendrá que investigar la desaparición de su madre, ocurrida treinta y cuatro años antes, cuando era una niña, con la dificultad que supone el descubrir indicios y pistas después de tanto tiempo. Tras contactar con todos los que la conocieron en aquella época tendrá que averiguar si desapareció por voluntad propia o si, sin embargo, alguno de ellos fue el causante de aquella enigmática desaparición.             

        El libro me ha parecido más flojo que otros anteriores de la misma serie.


Un rencor profundo

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             Estréchame la mano, no seas rencoroso… Sí, ya sé que no me porté muy bien contigo, que tu mujer se vino conmigo y por mi culpa  te expulsaron del trabajo. Pero no seas así y dame la mano. Espero que seas capaz de olvidar todo eso.

             ¡Coño! dame la mano que se está rompiendo la cuerda a la que estoy agarrado y cuelgo sobre el precipicio. Vale,…¡no!, la que tienes impregnada de aceite ¡no!...¡la otraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!


Novela con enigma

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    El salón don Benigno de las Bodegas Barbadillo ha sido el escenario escogido para la presentación del último libro, "El sello del algebrista", del escritor jiennense, afincado en Cádiz, Jesús Maeso de la Torre. La tamizada luz del atardecer sobre el río Guadalquivir atravesaba las ventanas dotando de un aura acogedora la escena que allí se desarrollaba.

     Empezó el acto con una presentación prolija y amena de la novela, por el presidente del Ateneo a quien siguió la disertación del autor. Se congratuló de estar en aquella tierra en la que transcurre la, sin duda, más famosa de sus novelas: Tartessos. A continuación indicó que el concepto de novela histórica no era acertado, ya que en sí eran dos palabras, novela e historia, que se contradecían. Deberían llamarse novelas recreadas en un marco histórico. Señala que le gusta escribir sobre valores del ser humano en marcos antiguos que son más glamurosos. Este tipo de novelas empiezan en la época romántica pero se van dejando de escribir hasta desaparecer. El pistoletazo de salida de la novela histórica europea fue la publicación de "El nombre de la rosa" de Umberto Eco, lo que decidió a una serie de autores a dedicarse a ella. Según Maeso lo más importante en la vida es buscar el conocimiento con un corazón limpio que es lo que hacen este tipo de novelistas.

     Centrándose en su última novela dijo que formaba parte de una trilogía que había escrito sobre el siglo XIV, un siglo que tiene muchas coincidencias con la época actual. Está convencido, por propia experiencia, de que el destino tiene que mucho que ver en la vida del hombre. Resumió el argumento indicando que es el viaje inciático de cuatro personas formidables que tienen sueños, con un final que sorprenderá al lector. Es una novela que emociona y entretiene, que de eso se trata, augura el escritor.

      Terminó la presentación cuando, a los lejos, sólo se divisaban las luces de los barcos que transcurrían plácidos por el Guadalquivir. Unas copas de manzanilla, sirvieron para aderezar un rato distendido de conversación entre los asistentes.

 


Palabras escalando el aire

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             La Fundación Caballero Bonald tuvo la grata idea, el pasado 21 de junio, de afrontar la doble presentación de dos libros de poemas. Por un lado “Tratado de cicatrices” de la poetisa jerezana Josefa Parra y por otro uno del escritor Jesús Fernández Palacios. 

           La presentación fue iniciada por el responsable de la editorial Calambur, que ha realizado la edición de sendos poemarios. A continuación Josefa y Jesús dijeron algunas palabras tras las que desgranaron rimas que escalaban el aire, al hilo de una armoniosa recitación, acariciando los oídos. Los silencios entre poemas fueron engalanados por la poderosa voz de la componente femenina del Therese D’Ascoli Duo.          

  Toda una fiesta para los sentidos la que se celebró en ese recoleto patio de columnas, bajo un acogedor techo de estrellas y que sirvió como inolvidable inicio del verano.           

Transcribo como muestra de aquel inolvidable rato el poema con el que Josefa Parra inicia su libro: 

NOSTALGIA DE LOS CUERPOS

Tienen algunos cuerpos la cualidad del agua.

Como ella, transparentes o turbios se deslizan

suaves pero imparables. Van dejando sus rastros,

como una huella húmeda, en los huecos

más descubiertos de nuestra memoria,

en las grietas del alma, y acomodan

sus perfiles, olores y cadencias

donde queda un resquicio de nostalgia.


Último día

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     Aprovechando el que la tarde vestía sus mejores galas: un sol tenue y vivaracho y una brisa refrescante, cogí la butaca y el libro me fui a la playa, a dejar que el rumor de las olas estimulara mi lectura. La playa estaba solitaria, poca gente a mi alrededor, hoy es el último día... Mañana, esta envidiable tranquilidad de las tardes de junio, desaraparecerá.

     Mañana llegarán los turistas y nos invadirán durante dos larguiiiiiiiiiiiiiisimos meses. Aumentará el tráfico y disminuirán los aparcamientos. Llegarán en bandadas que oscurecerá, por su cantidad, a los pájaros que surcan el horizonte. Desde tempranas horas invadirán la playa huyendo de la incomodidad manifiesta de los colchones en el suelo. Pero no vendrán con las manos vacías, pondrán sobre la arena sus gigantescas sombrillas, las numerosas sillas, la mesa, la bolsa nevera y la sandía fresca, los paquetes de pipas y las fichas del bingo, los niños gritones y, además, a la suegra. Siempre que pasan por el lado nos consiguen una ducha gratis, unas veces de arena debida a sus chanclas y otras de agua cada vez que vienen del agua y sacuden la cabeza salpicando al aire. El olor a mar se sustituye por los mil olores de bronceadores y colonias sudadas. Y los sones silenciosos del aire son aplastados por las conversaciones a gritos sobre temas preocupantes como la eterna discusión si es mejor el Betis que el Sevilla.

        Sí, mañana se acabó la tranquilidad, sin embargo me quedará el recuerdo de este día de junio en que sumergido en las mil caricias de la naturaleza disfruté plácidamente de la lectura de un libro en un inenarrable atardecer.


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