20080103182524-hombregris.jpg

        No sé cómo, pero de un tiempo a esta parte los veo continuamente, como si hubieran surgido de la nada. Son hombrecillos de aspecto gris de difícil descripción. Los hay de distintos tamaños y estaturas, algunos pequeños y otros de aspecto equiparable a un ogro. Gesticulan mucho, sobre todo cuando los observas a distancia, y suelen ser de escasas palabras; al articular sonidos sus voces pueden chirriar porque están transformándose o sorprender por el tono grave y oscurantista que tienen. Sus aspectos físicos son variables, por lo que no entiendo como me parecen tan similares. Se metamorfosean bastante, el que hoy tiene su rostro oculto en una amplia melena y deslucida barba, mañana aparece con la cabeza como una bola de billar y la tez con una suavidad similar a la de un bebé.            

         En cuanto a su vestimenta, predominan los tonos oscuros, negros y marrones, aunque todos me parecen grises, ¡eso es hombrecillos grises! Cuando te los cruzas por la calle o  un pasillo generan una exclamación, que se debe entender como saludo, similar a aquellos sonidos guturales de nuestros ancestrales antepasados de las cavernas.            

         Son aficionados a las nuevas tecnologías por lo que rara vez llaman a un teléfono fijo, prefiriendo el móvil y la comunicación invisible, no de los espíritus, sino del Messenger. Hay ocasiones en que tras hablarles durante un rato, ellos se quitan el auricular, semioculto por los rizos, del mp3, y te miran asombrados como si hubieras dicho algo.            

          Cada vez hay más, me los encuentro ya no sólo por la calle, sino por los pasillos de mi casa e incluso, alguna vez, en el salón. Supongo que con el tiempo ese color gris irá coloreándose hacia otros colores del espectro del arco iris.  

           No sé si mi hija adolescente estaría muy de acuerdo con esta descripción que he hecho de sus amigos…