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       Cuando llegué a Madrid, allá por el año 1984, una de las cosas que más me sorprendió era la habilidad de sus habitantes para formar colas en situaciones variopintas. Nunca llegué a entender esa afinidad gregaria por caminar en grupo y a paso lento, más que quizás decelerar un poco ese paso tan rápido que se lleva por sus calles y que nos apresa a los provincianos.  Me resultaban especialmente extrañas las largas colas que se formaban los fines de semana en los cines de estreno de la Gran Vía, cuando a dos paradas de metro de distancia, echaban la misma película en otra sala sin atisbo ninguno de empujones.

 

            Debo reconocer que, tras varios meses viviendo allí, terminé abducido por esa extraña afición y recuerdo, como detalle, aquella cola de la que formé parte durante ¡siete horas!, en un frío día del enero madrileño de 1986, para darle el último adiós a Tierno Galván, aquel “viejo profesor” y  alcalde madrileño de la época de “la movida”. En aquellas horas de obligada convivencia, recorriendo a paso de paladeo el Madrid de los Austrias llegamos a establecer una buena amistad con los que nos acompañaron a nuestra alrededor durante tanto tiempo. Y no fue extraño que alguno, en aquella magna celebración de la muerte, algunos se avinieran  a compartir, con aquellos azarosos compañeros de camino, sus anhelos e ilusiones ante la vida.

 

            Este gusto por las colas se va extendiendo por ciudades más pequeñas, nada más que hay que recordar para sacar el DNI, y especialmente en algunas épocas señaladas. Surge esta reflexión a las que, en estos días, se forman todos los años en Cádiz con motivo de la compra de las entradas para el teatro Falla donde se efectúa el concurso de las actuaciones carnavalescas. Este año muchos se las prometieron felices porque el 20 % de las entradas se pondrían en venta por internet, pero en un segundo, según dice el periódico, hubo 70 mil entradas en la página con lo que se bloqueó, aunque la empresa achaca el fallo al ataque de un pirata informático. Las colas seguirán formándose para los distintos eventos carnavalescos, para comerse gratis un plato de pestiños, en la pestiñada, o un plato de erizos, en la erizada. También para la compra del resto de las entradas, aunque este año, para evitar la reventa, serán nominales, pero como en Cádiz hay  “gente pa tó”, ya encontrarán la forma de revenderla a alguien que se le parezca mucho y se le confunda la foto con la de su carnet de identidad.