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       Tengo la sensación de que, a veces, no me entero o no me quiero enterar de algunas cosas que ocurren a mi alrededor. No es que no me interese aquello que me rodea, procuro leer, informarme,...pero sí confieso que hay cosas que no me interesan y que por tanto no me aplico en su conocimiento. El otro día al escuchar unos gritos, yendo por la calle, fue cuando me enteré que había alguna competición futbolística, de la que no tenía noticias y en la que intervenía la selección nacional. Nunca he mostrado  ningún interés por estas competiciones, ni he entendido que la victoria de un equipo deba desplegar tal dosis de gritos, saltos, manifestaciones o jolgorios.

         Pasa algo parecido cuando empiezo a plantearme el hecho de visitar algún sitio distinto en vacaciones. Tengo quien intenta convencerme de que este año "hay que ir a la Expo de Zaragoza porque es una vez en la vida". Tampoco comprendo esta dedicación tan acentuada a dicha exposición. En la que las larguísimas colas, el calor de la ciudad del Ebro y el precio, nada barato, de la entrada estarán presentes. Hay tantas cosas que están ahí, que son mucho mayor goce para los sentidos y que sin embargo al no ser tan conocidas, como tantos lugares y paisajes de nuestra tierra, figuran ocultas al no estar de moda.

          Tenía yo estas reflexiones esta mañana  en la playa, a la que he llegado paseando, mientras bajo la sombrilla leía el periódico y mientras la brisa me envolvía, dejaba acariciar mi mirada por el azul luminoso del cielo y contemplaba pasar este barco frente a mí..