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       Se está convirtiendo en habitual que determinadas personas se dediquen a pedir perdón, públicamente, por tropelías realizadas por la entidad que representan, a veces siglos antes. A mi ese tipo de perdón, cuando lo oigo me parece tan vacío como carente de sentido. Claro que tiene sentido y valentía una petición de perdón pero cuando la hace, arrepentido y personalmente, aquel que ha cometido la falta. En los demás casos, ni estamos viviendo aquella época, ni uno se puede arrepentir de algo que haya hecho otro, en todo caso le puede parecer mal, como nos puede parecer a los demás

         Pero hay algo unido al perdón y que sí puede tener sentido el actualizarse: el deseo de enmienda.  Cierto que no vamos a corregir hechos acaecidos en épocas remotas, pero sí que se puede desde el lugar que ocupamos hoy en el mundo, enmendar, poner los medios, corregir y enderezar aquellas situaciones injustas en las que podamos tener parte de responsabilidad. Con ello nos sentiremos mejor con los otros y nosotros mismos y evitaremos que dentro de unos años a algún descendiente nuestro se le ocurra la feliz idea de pedir perdón por algo que nosotros hicimos.