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           Se había  dilatado en el tiempo la preparación de aquel ansiado momento. El notaba cómo sus formas iban adquiriendo firmeza ceñidas por el revestimiento de la silicona que lo envolvía.

            Ella lo admiraba deseosa, sin atreverse a tocarlo…todavía. Su mirada disfrutaba con aquel cambio que lo hacía tan ardiente. Un silencio de cristal invadía el aire.

            Al fin, la impaciencia de Ella contagió a sus dedos, inquietos y levemente torpes, que se acercaron a Él, quien se mantenía imperturbablemente estático. Con sumo cuidado y con todo un dechado de habilidad, lo desprendió de aquella vestimenta de silicona, dejando toda su piel al descubierto y a merced de su mirada golosa. El calor que irradiaba llegó hasta Ella, quien ya no pudo aguantar más y lamiendo, con la punta de la lengua, las comisuras de sus labios acercó su boca hasta Él.

            Hincó sus dientes y le arrancó un trozo, su lengua ardió por un instante pero, a pesar de eso, pudo saborear el sabor exquisito de aquel bizcocho, que acababa de hornear en el recién estrenado molde de silicona.