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            Hoy ha estado la lluvia, durante toda la noche envalentonada con los gritos de los truenos y golpeando en los cristales de mi ventana. Si estoy atento, en ese golpeteo puedo distinguir hasta tres notas musicales diferentes, que formando un acorde acaban por acompasar mi sueño y sumergirme en su placidez. La lluvia, tan escasa por esta zona, cuando llega así, casi por sorpresa, siempre parece traernos estelas de melancolía adheridas a sus gotas. Al despertar esos cristales lamidos por microgotas nos permiten observar como en un caleidoscopio retazos de recuerdos infantiles, que al calor de una lumbre, aunque nunca volverán, permanecen eternos.

             Ojeo el periódico entre mis dedos, precios... las bolsas se hunden, se inyecta dinero...sólo a los bancos, el euribor parece que baja no sin cierto esfuerzo... Entre sus páginas anuncios me asombran los productos de las tiendas de informática, cada vez más potentes y más baratos, sin embargo los libros, a pesar de todo lo que se escribe, no bajan de precio. Se me ocurre pensar que "cualquiera" podría usar un pc o un pendrive, pero para disfrutar un libro y contagiarse de lo que encierran las letras hay que tener, sin embargo, una sensibilidad especial.  

            El hecho de que  bajen de precio y podamos tener más cosas, no nos hace más felices. La felicidad está más bien en saber vivir con ellas. Sigue lloviendo...