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     Este opúsculo a camino entre el relato y la novela escrito por Giani Stuparich, ha sido una verdadera sorpresa para mí. En la isla se narra la historia de un hombre enfermo de cáncer que le pide a su hijo que abandone la montaña, en la que pasa el verano, por unos días para acompañarlo, a la isla en la que nació y el hijo iba en su juventud.

      Un último esfuerzo anímico y de salud parece acompañar a este hombre animoso al que acompaña un hijo quebrado por dentro ante la cercanía de la muerte del padre. Un acompañamiento mutuo al pasado, en que dos seres que se quieren se encuentran frente a frente y las palabras parecen enmudecer ante el flujo de sentimientos, ante una despedida tácita que se produce en esos días de aparentes vacaciones, donde la vida empuja como si fuera un tornado.

      Un libro que no aparecerá entre los más vendidos, pero que gustará a quien le guste leer algo diferente y de calidad. Está escrito con un lenguaje cuidado, que atrapa para sumergirse en estas líneas de las que cito dos párrafos textualmente:

"Una lucha cuya suerte ya estaba decidida. Sin esperanza. Volvía a apagarse la luz en los ojos turbios de su padre como el preludio de una derrota. Sin embargo, tal vez quien combate no tenga una conciencia plena de la inevitable derrota y pueda resistir y recobrar el aliento para luchar todavía. Pero quien asiste impotente a la trágica lucha, y tiene en sus venas la misma sangre que la víctima, sufre con un horror reprimido y todos sus minutos están envenenados."

"El sol, al declinar tras el bajo perfil del promontorio que resguardaba el puerto como en un abrazo, había dejado en el cielo una luz pálida, de una inconsolable melancolía. Un crepúsculo singular: de tintas pobres, apenas velado por una dorada calígine; el sol había desaparecido como sin avisar. Había cesado hasta el menor soplo de brisa y en el aire había quedado un estupor cansino".