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            No son muy habituales los cientificos dedicados a la escritura, por eso es especialmente llamativo el caso de Paolo Giordano, joven licenciado en Física Teórica y que ha tenido un éxito rotundo con su primera novela.

            Los números primos llamados gemelos, como el 11 y el 13, son aquellos que están muy próximos pero sin llegar a tocarse nunca. Así con esta metáfora matemática nos presenta el autor las historias de Alice y Mattia. Dos historias desde la soledad más profunda, que marcadas por sendas tragedias desde su infancia les condicionará durante todo el devenir de su existencia. Unas vivencias que, a veces, se entrecruzan y sin que puedan impedirlo les acompañara durante toda su vida:

           “Los años de instituto fueron para ambos como una herida abierta, tan profunda que no creían que fuera a cicatrizar jamás. Los pasaron como de puntillas, rechazando él el mundo, sintiéndose ella rechazada por el mundo, lo que a fin de cuenta acabó pareciéndoles lo mismo. Habían trabado una amistad precaria y asimétrica, hecha de largas ausencias y muchos silencios, como un ámbito puro y desierto en el que podían volver a respirar cuando se ahogaban entre las paredes del instituto”.

            Las personas que comparten las vidas de los protagonistas quedan contagiado, uno de ellos en su desesperación: “No pedía mucho, sólo la normalidad que siempre había merecido”, recoge el grito de todos los que sufren y miran a su alrededor deseando simplemente ser como los otros.

           Decididamente hay gente para los que la vida no es nada sencilla y sólo anhelan no tener sobresaltos, todo esto nos lo cuenta con sus líneas elaboradas de diestra maestría literaria, Paolo Giordano, a lo largo de todas estas páginas.

      “El aire frío de la mañana le entraba por la chaqueta pero no quiso cerrársela bien; olia a limpio. Lo esperaba una ducha, una taza de té caliente y un día como cualquier otro, y no necesitaba más”.