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           Una deliciosa historia la que nos narra la escritora italiana Milena Agus. Nacida en el año 1959 en Génova vive en Cagliari (Cerdeña), donde es profesora de instituto. La voz de una nieta nos va contando la historia de su abuela. Como siendo una chica joven ningún hombre se fijaba en ella, hasta que un refugiado al que acoge la familia, como pago, se casa con ella. Un matrimonio peculiar, sin amor, donde cada uno tiene perfectamente delimitado su rincón del colchón. Ella sufre de “mal de piedras”, piedras en el riñón y eso le produce abortos. Se va un tiempo a un sanatorio a curarse del mal de piedras y conoce allí al Veterano, desde entonces su vida aunque vuelva, luego, junto a su marido cambia para siempre y a los nueve meses tiene un hijo.

 

            La historia de la abuela va hacia delante y atrás en el tiempo, atrapándonos en sus páginas:

“Entonces ella también tocó a aquel hombre al que había observado durante días desde su silla en la galería, lo tocó con delicadeza, como habría hecho con la escultura de un gran artista, el pelo, la piel suave del cuello, la tela de la camisa, los brazos fuertes y las manos buenas de niño, la pierna y el pie de madera dentro de los zapatos recién lustrados”.

 

“Abuela se compró las cremas de Elisabeth Arden porque ya andaba por los cincuenta y quería que el Veterano –el corazón le decía que iban a verse- la encontrara todavía hermosa. Aunque ese aspecto no le preocupaba demasiado. Todos estaban convencidos de que un hombre de cincuenta años no miraría nunca a una mujer de su edad, pero eran razonamientos válidos para las cosas del mundo. Para el amor, no. El amor no tiene en cuenta ni la edad ni otra cosa que no sea el amor. Y el Veterano la había amado justamente con ese amor. A saber si la reconocería en seguida. Qué cara pondría. No se abrazarían en presencia de abuelo, de papá, ni de la esposa ni la hija del Veterano. Se estrecharían la mano y se mirarían, se mirarían, se mirarían. Como para morirse. Ahora bien, si llegaba a salir sin que nadie la acompañara y a cruzarse con él solo, entonces sí. Se besarían y se abrazarían para recuperar todos aquellos años. Y si él se lo pedía, ella no volvería a casa nunca más. Porque el amor es más importante que todo lo demás.”

 

            No es larga la historia y no sabría decir si es una novela corta o un relato largo. Lo que sí diré que, cuando leí el final, me pasó algo que no me suele pasar: un cierto temblor recorrió todo mi cuerpo de pies a cabeza.