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                  Desde que te vi desnuda, aquella primera vez, bajo la sombra de aquel manzano, quedé prendado por las formas de tu ombligo. Aquel círculo, tan menudo como perfecto, con una leve hondura que sombreaba esos pliegues interiores de formas tan sensuales como caprichosas, despertaba mis deseos y disparó desaforadamente mis más hondos apetitos.

Después de eso he visto muchos ombligos de mil formas y tamaños, desde esos que se ocultan en las oscuras profundidades de la barriga, hasta esos otros que sobresalen descarados y gustosos que invitan a saborearlos, algunos que adquieren formas caprichosas e incluso otros parecen como un párpado sin pestañas que ocultara la entrada a la cueva de los más apetecibles placeres, aunque… ninguno como el tuyo tan perfecto y único del que anhelo cada día ese momento en que puedo acariciarlo…

 

-Desde luego Adán, algunas veces eres tan tan obsesivo...

-Ten en cuenta Eva, que lo que uno siempre echa más de menos es aquello de lo que carece.