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           No debí hacerlo, no debí hacerlo…y por culpa de eso ahora no puedo pegar ojo. Ya sé que no es excusa, pero llevaba demasiado tiempo aguantándome y una es caprichosa. Quizás, aparte, es que soy demasiado sensible y me gusta dejar que mis sentimientos fluyan.  Llevo ya mucho tiempo trabajando a su lado y un día que un rayo de sol iluminó su perfil, abrazándolo, me fijé especialmente en él. Desde entonces no podía quitarle ojo. Claro que hacía mi trabajo y atendía a los clientes, pero algunas veces, cuando devolvía el cambio o enseñaba a las clientas los vestidos, me descubría despistada mirándole. Me gustaba ver las distintas vestimentas que tenía, todas le quedaban de maravillas y alguna vez me acercaba, como si fuera a coger algo de su alrededor a aspirar algo de ese olor tan sugestivo que emanaba..

 

            Pero anoche fue mi perdición, estaba a solas con él, mirándolo con descaro al abrigo de otras miradas que me observaran, mientras preparaba el escaparate para el cambio de temporada. La cercanía de la primavera me tenía algo revuelta e incluso había estrenado un lápiz de labios de un escandaloso tono rojo brillante, que acababa de comprar en la sección de perfumería. Estaba próximo a él y…no me pude reprimir mis labios se lanzaron a los suyos, con la fuerza de estar realizando un sueño. Él permaneció estático con aquella mancha roja que ahora resaltaba escandalosamente en sus labios.

 

            No debí hacerlo…por más que lo intenté no hubo forma de limpiarle los labios, debe ser que el lápiz de labios ha hecho alguna reacción con la materia de la que está hecha ese maniquí y se ha convertido en una mancha permanente. Lo peor será mañana cuando se descubra el escaparate y todo el mundo vea ese maniquí de labios chillones…¿cómo explicaré eso?