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             Un libro que me atrapó desde el principio con la dulzura de su prosa. Es el primero que leo de la escritura colombiana Ángela Becerra y, desde luego, me ha animado a conocer alguna cosa más de su producción literaria. Es una historia donde amor y desamor se mezclan en partes iguales. El matrimonio entre Fiamma y Martín, empieza a hacer aguas y, sin saber cómo, estando tan cerca son conscientes de que no pueden estar más lejos. Fiamma sicóloga, a punto de entrar en la cuarentena, y que dedica sus horas a solucionar la vida de sus pacientes, no logra solucionar la suya propia. Martín subdirector de un periódico no logra mantener en su casa el prestigio del que goza en su trabajo. Ambos prietos y necesitados de ese amor que no encuentran, lo derraman en Estrella y David, que les hacen descubrir, en la madurez de sus vidas lo que es el renacer de una pasión que ellos creyeron sucumbida para siempre.

            Su forma de escribir es viva y envolvente y la capacidad que tiene de combinar adjetivos es única. El tono amable de la obra, convive con otro hondo y mágico. Es uno de esos libros que no me importaría leer otra vez, no ya tanto por el argumento, sino porque su lectura hace que el espíritu se acune dulcemente entre sus líneas. Mi descripción  se queda corta y prefiero citar un par de párrafos para que sepáis de lo que os hablo:

 A la mañana siguiente, los dos arrastraban una ausencia fantasmagórica. Parecían deslizarse transparente por la casa, queriendo hablar sin voz, tratando de sincerarse aunque sólo fuera por señas. Ninguno de los dos aceptaba la responsabilidad de que su relación se estuviera yendo a pique. Ambos esperaban que el destino decidiera por ellos favorablemente a sus deseos; que incluso fuera él, sin presiones, quien hiciera la mejor elección para no caer en la equivocación propia. Nunca como ahora habían sentido en sus carnes la inconsciente facilidad con que se habían dado el sí aquel día lejano en la basílica de la Dolorosa. Aquel nudo prieto, que había atado sus vidas, parecía de hierro fundido. ¿Por qué un no costaba tanto de decir? ¿Qué era lo que arrastraba la negación que no poseía una afirmación? ¿Por qué era tan ligero y fácil, tan sonriente y abierto, decir sí? ¿Por qué para llegar a un no se debían atravesar tantos obstáculos?¿Por qué dolía tanto escucharlo o decirlo?

Los dos desayunaban preguntas sin respuestas...” 

“Iba yéndose sin querer hacia las murallas, empujando sus ganas desganadas. Volvía a vestir de blanco y cara lavada inmaculada. Parecía una virgen abandonada en su noche de bodas. Subía cada escalón como si escalase el Everest sin equipo apropiado. Al coronar la rampa de piedra, un atardecer rayado le esperaba inconcluso. Parecía como si el pintor que lo estuviera pintando se hubiese cansado, abandonado la obra con la mitad de lienzo por hacer. En sus mejores días, Fiamma habría corrido a buscar su cámara para fotografiar aquella maravilla, pero el momento le impedía visualizar colores. Sufría de una acromatía interna de alegría. Estaba ciega al color de la vida, porque su alma se negaba a verlo.”

Y, por cierto, hay una edición de bolsillo por sólo 5 euros.