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     El otro día en un paseo por la Biblioteca pública el nombre de Angela Becerra me atrajo en este libro desde una de las estanterías y cinco minutos después salía con él entre mis manos, pensando en disfrutar con la escritura de esta autora colombiana. Y no me ha decepcionado su lectura que he hecho en este largo fin de semana.

      La novela está ambientada en París, donde en una casa del Barrio Latino, vive Manzarine una joven huérfana. Sus únicas compañías son una gata y el cadáver incorrupto de una joven, la Santa, que tiene guardado en un armario. Un secreto del que desconoce su historia, pero tras el que anda una sociedad secreta. La afición a la pintura de Manzarine, le hace que solicite recibir clases a Cádiz un afamado y maduro pintor de renombre internacional. Pronto una extraña corriente, donde se entremezclan la pasión profesional y la erótica, se crea entre ellos y una imparable necesidad del otro los suma en una continua crisis vital.

       Una historia, que atrapa desde el principio, con sabores de Paris, con retazos de misterio y empapada de pasión, presidido todo ello por la quietud de la Santa y el misterio que encierra.

       "Volvía sobre su pasado. Iba recorriendo un escenario vivido, tratando de pescar sueños en el lago de su memoria que le sirvieran para su presente. Algún deseo olvidado en el recodo de una esquina, algo que se hubiera quedado en aquellas calles, tan vividas por él y su mujer y les resucitara...a ambos. Tenía ganas de volver a desear a Sara como al comienzo de su relación, de sincronizas sus anhelos con su tiempo, de que deseo y edad convergieran, de aceptar lo inevitable: el inicio de su decadencia. Pero el recuerdo recurrente de su alumna no lo dejaba."