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    Logré resistir las discusiones futbolísticas en plena esfervescencia del Mundial del fútbol. No vi ni un solo minuto de los partidos, durante la final entre España y Holanda estuve paseando por la orilla del mar. Entonces, me pregunto ¿qué hago yo, aquí, en la plaza Mayor de Salamanca, escuchando, aplaudiendo y homenajeando a Vicente del Bosque? ¿Habré sido abducido por alguna extraña fuerza?