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    Hoy es una noche especial en nuestro país, porque a diferencia al resto del mundo esa tradición de que los Reyes Magos dejan los regalos a los niños, triunfa sobre la de ese señor orondo y vestido de rojo. A mí siempre me ha despertado este día sentimientos encontrados hasta tal punto, que prefiero recibir regalos cualquier día de no-reyes del resto del año. Quizás sea una reminiscencia de mi infancia que para recibir ese regalo sufría el peaje de una noche en que el nerviosismo y el miedo a que me descubrieran despierto aquellos majestades orientales me dejaran sin regalo.

      Con los años he superado ese miedo hasta el punto de que tantos días festivos con desenlace en este día, hacen que desee que llegue pero para suspirar como un superviviente cuando ha superado una difícil prueba. No me gusta esa cierta "tensión" que se crea de que hay que regalar y que hace que acaben haciéndose, en muchas ocasiones, regalos absurdos que ni siquiera se abrirán.

      Yo prefiero regalar en otras ocasiones del año, por el aniversario, por algún evento señalado o simplemente...porque apetece llegar de esa manera a esa persona. En cuanto a regalos sigo prefiriendo aquellos en que lo de menos es lo que cuestan monetariamente:

-los que reflejan en su cariño la creatividad del que regala

-los que recuerdan momentos vividos y compartidos

-los que nunca me hubiera esperado

-los que esperaba con desesperación

-los que no ocupan espacio en el armario

-los que son tan únicos que a los demás les parecería una tontería

-los que producen lágrimas de alegría

-los que me traen ráfagas de un corazón ajeno

-los que me me pueden acompañar muchas horas al día

-los que casi no se notan