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       Una original historia la escrita por la autora china Xiaolu Guo. Nos narra la historia de una joven china a la que sus padres envían, durante un año, a estudiar a Londres. Ella es animosa y dispuesta a aprender bien la lengua inglesa, por eso siempre va acompañada de un cuaderno en el que va apuntando las palabras que va aprendiendo y sus dudas.

      La joven Zhuang Xiao Quiao, ante lo confuso de su nombre para los occidentales casi prefiere que le digan Z, nos va narrando en primera persona el encuentro, en ocasiones chocante, con una realidad y unas costumbres muy diferentes a las suyas. Cada capítulo va encabezado por una palabra, con su significado correspondiente y en él desarrolla sus ideas o experiencia en torno a esa palabra.  Está escrito en primera persona de una manera peculiar, supongo que nada sencilla de traducir, y en el tono empleado podemos imaginarnos muy bien a una china hablando que va plasmando en estas páginas una visión ingenua y profunda, que nos hace sonreír y pensar a la vez. Conoce su primer amor y se va a vivir con él y su corazón busca lleno de dudas el camino de la felicidad. En un determinado momento ella se va sola de viaje por Europa y en su cuaderno va plasmando sus originales experiencias, que le ayudan a convertirse en mujer. Un libro que nos ayuda a darnos cuentas desde una visión oriental, que a veces no son tan simple o universales como nos puede parecer.

     “Cuando estaba en la escuela media, mis compañeros siempre se reían de mí. Así que pasaba el tiempo leyendo para no tener que hablar con ellos. Leí Blancanieves y los siete enanitos en chino, y vi mi madre es tan mala como esa reina madrastra. Pero yo no tenía una piel de blanca nieve y era sólo una muchacha campesina. Así que no había príncipe que vendrá a salvarme y ése es mi destino. De adolescente, me moría de ganas de escapar de mi ciudad, la ciudad que mi madre siempre me pegaba y culpaba de todo lo que he hecho mal, el lugar sin mi sueño y mi libertad.

      El día que llegué a Occidente, de pronto me di cuenta que soy china. Mientras uno tiene ojos negros y pelo negros, obsesionado por arroz y no puede tragar ninguna comida occidental, y no sabe pronunciar la diferencia entre erre y ele, y pide a la gente sin decir “por favor”, entonces es un chino típico: un inmigrante inlegal, trata mal a tibetanos y taiwaneses, bueno en comida pero poner glutamato para envenenar gente, come carne del perro y bebe entrañas de las serpientes.

   “Quiero ser ciudadana del mundo”. Hace poco aprendí a decir eso.”