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      Llevaba mucho tiempo preparando este viaje.  Soñé muchas veces, despierto y dormido, cómo efectuarlo. Dejaría el seguro refugio en el que había posado mis pies hasta entonces para emprender una verdadera aventura, resignándome a ir en solitario. Al fin, me desprendí de todos mis lastres y resolví emprenderlo.  No tenía que preparar ningún equipaje, simplemente decidirme. El día antes, precisamente, empezó a dolerme mucho la cabeza. Eso no podía ser un obstáculo. Después no recuerdo nada, sólo que cuando desperté llevaba puesta una camisa que impedía el movimiento de mis brazos.  Se había iniciado mi viaje hacia la locura…