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     Tras una Semana Santa donde el agua no ha dado tregua, ayer pudo celebrarse la Procesión magna. Toda una novedad en mi ciudad, porque por primera vez quince pasos desfilaron uno tras otros con una buena organización, a pesar de lo complicado que era el elaborar los itinerarios de cada uno de ellos. Unas nubes quisieron deslucir dicho desfile, pero con las pocas gotas de agua no lo consiguieron. Y hablando de agua, se ve que alguno de los penitentes temía, en algún momento, echarla de menos y, como se ve en la foto, no se separó en todo el rato de su botella.

Otra escena, uno de los pasos recogiéndose en su parroquia, tras los acordes del himno nacional y los aplausos de los espectadores que poblaban el exterior a las once de la noche, a continuación cierran las puertas.  Poco a poco van saliendo los penitentes de la parroquia, un joven pretende entrar al interior, pero una penitenta que estaba en la puerta le dice que no se puede entrar. El joven sin perder la sonrisa le dice:

-Es que yo...soy el párroco.

         Un tanto abochornada, la penitenta le dejó pasar. Ya sospechaba que algunos de los que salen  en las cofradías no son visitantes asiduos de la parroquia, esto me lo confirmó.